Una práctica meditativa de relajación y presencia en la que recorremos conscientemente 25 puntos del cuerpo, guiados por la atención y el sonido armonizador de los cuencos tibetanos.
Realizada preferentemente en savasana, aunque también puede practicarse sentado, esta meditación favorece la calma mental, la percepción corporal y un estado de profunda serenidad.
Material necesario: esterilla y manta para la práctica tumbada, o cojín/zafu para quienes prefieran meditar sentados.
